martes, 21 de diciembre de 2010

La sangre de la Luna

El frío de la madrugada retenía mi fuerza de voluntad. Luego de un rato de incansable búsqueda de un teléfono celular insolente y escandaloso, decidí salir a mirar. El cielo estaba despejado pero ella no estaba por ninguna parte. Debía estar en el cenit. No iba a salir de mi casa a esas horas, así que todo parecía que la providencia me señalaba el camino de regreso a mi cama, regresé. Ví a D en el pasillo, la unión hizo la fuerza. Subimos no sé por dónde y con un pequeño e incómodo movimiento sobre el techo, vimos la luz. Por lo menos eso vi yo, una mancha de luz clara en el cielo, sin sangre. Pensé en que no es posible que justo la madrugada que hay eclipse total de luna, haya dejado los lentes enllavados en otro lado. Mientras D me contaba lo roja que estaba la luna, yo entrecerraba mis ojos para alcanzar a ver aunque sea el tono anaranjado... pero nada. Solo pensaba en los minutos de sueño perdidos, me decía que por la mañana habrían por internet fotos profesionales del evento... Al final, a pesar de que no vi sangrar a la luna, sentí llorar al rocío.

6 comentarios:

caminante dijo...

¡Qué maravilla de entrada!

Ayuda a sentir la luz, aún sin verla.

Me ha gustado especialmente la última frase:
Al final, a pesar de que no vi sangrar a la luna, sentí llorar al rocío.

Sólo quiero saber si el llanto del rocío era por la Luna.
Un beso y mi deseo de felicidad

Juanjo

Adriana K Morales Roa dijo...

Hermosa entrada. Saludos desde Venezuela.

Duendecilla Verde dijo...

Juanjo, era por la luna.

Duendecilla Verde dijo...

Adriana, qué amable en dejar tu comentario.

Jarppa dijo...

Photo muy bonita!

Jarppa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.