
Alrededor los restos de una gota moribunda que cae del techo, resaca de "lo que la canoa se llevó". El clima está descansando, y yo de él.
No me motivan estos restos de enseres orbitando la habitación... No quiero ordenar.
Hay 2 cosas que quiero hacer, la una es sensata la otra no tanto.
Una es culturizante y la otra desculturiza.
Una enseña y la otra aprende.
La una yace y la otra despierta
Opto por la segunda, mi terquedad y yo nos empeñamos.
Era más fácil leer, más caché; escribir siempre saca de órbita a las mentes planetarias que circundan soles de pensares y pesares.
El libro redobla sus esfuerzos y me hace unos ojos elocuentes que persuaden, pero soy demasiado neófita en esto como para dejarme retener, así que lo miro de reojo y le repito serena y pausadamente que ya le dí su tiempo. Sólo eso me faltaba, ¡Ahora todos quieren tiempo de calidad!
Mi antibiblioteca (libros no leídos) se agiganta a mis espaldas y en vez de frustrarme, como cualquier sediento de conocimiento, plácidamente me deshago en letras. Siempre habrán películas no vistas, libros no leídos y palabras no dichas, nadie fenece por eso. Es parte de la vida, pues, la parcialidad. Sé lo que me ha tocado saber.
Debería dejar de ser tan extravagante.
No, no debería.