
Nunca olvidaré el día en que atropellé a un motociclista y me dí a la fuga. No quiero crear un escándalo, entiéndame, no fui dueña de mi esos eternos minutos. Ver esa moto en el suelo y el tímido muchacho rejuntándose como si fuese una flor, encendió el polvorín que me disparó lejos de ahí. Nunca se lo conté a nadie, hasta hoy.
Por favor, no es lo que parece, no hubo sangre ni persecusiones policiacas de esas que se ven en las películas de acción. No pasó a más porque yo no era más que una ciclista. Sí, increíble, entre tantos y tantos vehículos acomodados en línea de hormigas, lo atropelló una muchachilla en dos ruedas. Hay cosas inexplicables que pasan todos los días, pero si me meto de nuevo a esa escena, sólo sé que si las posiciones de mi bici y su moto hubiesen estado invertidas.... el fugitivo hubiera sido de género masculino.
Este capítulo es nuestro secreto...