sábado, 30 de mayo de 2009

¿Dueños de nosotros mismos?



Nunca olvidaré el día en que atropellé a un motociclista y me dí a la fuga. No quiero crear un escándalo, entiéndame, no fui dueña de mi esos eternos minutos. Ver esa moto en el suelo y el tímido muchacho rejuntándose como si fuese una flor, encendió el polvorín que me disparó lejos de ahí. Nunca se lo conté a nadie, hasta hoy.
Por favor, no es lo que parece, no hubo sangre ni persecusiones policiacas de esas que se ven en las películas de acción. No pasó a más porque yo no era más que una ciclista. Sí, increíble, entre tantos y tantos vehículos acomodados en línea de hormigas, lo atropelló una muchachilla en dos ruedas. Hay cosas inexplicables que pasan todos los días, pero si me meto de nuevo a esa escena, sólo sé que si las posiciones de mi bici y su moto hubiesen estado invertidas.... el fugitivo hubiera sido de género masculino.
Cuando le abrimos la puerta al miedo, dejamos de ser nosotros, actuamos como extraños con nosotros mismos. Tomamos un café con él y lo dejamos que tome las riendas del momento.
Este capítulo es nuestro secreto...


4 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Hermoso, me gusto el cuerpo de tu texto excelente, ya te sigo así podre leerte con mas frecuencia.. y ya te dije creo que te he enlazado así es mejor.. te leo cuando actualices..

saludos fraternos con mucho cariño
un abrazo

besos
que tengas un hermoso domingo y una semana igual

caminante dijo...

Que hermosos textos creas. ES siempre un placer leerte.
Un beso.

Silvia Salas Ramírez dijo...

=O oh por Dios Santo

Duendecilla Verde dijo...

Adolfo, el cuerpo es lo que le da el sostén a la cabeza, gracias.

Caminante, el placer es mío también cuando voy por allá.

Silvia, jejeje, no tengo apariencia de delinquir de tal modo, verdad?.