
Sólo tengo que levantar la cabeza para ver descencer a esas intrépidas hojas que se lanzan en "bungee" inalámbrico desde el puente de rama de árbol que está ahí afuera.
¡Qué hermoso! Casi se me había olvidado que tenía acceso a ver las cosas bellas. No puedo pensar que están rumbo a su destino final, porque no es fatal.
De pronto vuelvo a verlos a todos a mi alrededor ahí ceñidos, frente a esa pantalla que les consume los días, sin siquiera pensar en levantar la mirada y penetrar en ese mundo que está tan cerca, pero para ellos tan distante, al otro lado del ventanal.
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