viernes, 3 de julio de 2009

Como líneas paralelas


Deje que haga una reverencia en su presencia, y no digas que no es necesario. No me molesta. La gente como yo está acostumbrada a eso y más.

Déjeme hablar, Alteza, y pedirle perdón porque no soy la pieza que le hacía falta en el rompecabezas de su existencia. Disculpeme si soy una pieza amorfa y no encajo por más que se me gire en esas crónicas que pensaba usted destinadas para mí.

No pretendía yo que aceptara a esta plebeya de piel besada por el sol, por horas adocenadas de trabajo, corriendo por sus venas, mi lord, sangre azúl.

Tendiendo el mundo usted a sus pies, y yo cargándolo sobre mis hombros. No encuentro punto de intersección, somos como líneas paralelas que pueden estar juntas toda una vida, pero que nunca se cruzarán en el camino.

Monta ahora tu caballo y sigue el camino que te indique el mapa, las flechas y las señas en los árboles, ve a donde sople el viento y no mires atrás.

Enmárcame como un bello recuerdo, distante. Si mi delito fue no haber nacido en cuna de nobles, no me trates como a una princesa, que la verdad, sería para mí más que una ensalzación, una humillación.

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Dedicado a todos esos hombres idealistas empedernidos que viven en su castillo soñando con princesas, que pasan añorando la época medieval porque se les olvida que lo que abundaba era la plebe, la clase que sufría, la que moría, la que representaba al pueblo.

3 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Me gusta tu escrito.. me quedo en silencio y hago mio tu mensaje..

Precioso leerte

Saludos fraternos
Un abrazo

Que tengas un buen fin de semana

caminante dijo...

Mi querida Duendecilla:
¡Cuánto me alegra estar aquí de nuevo!
Es un texto excelente.
Yo me pongo a tus piés.
Un beso

Silvia Salas Ramírez dijo...

Ja excelente