
Mi libro me lleva a diario por el Camino de Santiago,
metamorfosis de ideas, de mitos ancestrales.
Entre rémoras comprendo que no podría decifrar
esos enigmas que se dicen ser templarios.
Busco los rudimentos necesarios,
pero no soy sinestésica, ni hechicera,
solo una peregrina más en la multitud de barro.
Sé que puedo ingeniármelas para evadir los charcos,
pero necesito aliados en el tránsito, sinergia,
antes de que me descubran rebuscando pisadas,
infraganti, como una mariposa a contra luz.