domingo, 19 de abril de 2009

Gotas de sal



Si quiero que el sol me prenda el aliento de cuando en cuando

no es para que la piel se me caiga en gotas de sal,


de esas que van a alimentar al mar.

Y se pierden, y se mezclan, y nacen de nuevo,

mientras ruedan pedazos de mí,


deshechos por el sol,

que quema lo que queda ahora sin piel.

Me convirtió en libro sin tapas,

frágil, sin autor, sin título,

y mis cenizas expone al impávido viento, fiel aliado,

que las pierde con la velocidad de una estrella fugaz,

jactándose sin alegato de su travesura,


del alma que dispersaron en gotas de sal y cenizas de sol.

2 comentarios:

Ian dijo...

me cuesta leerte por los colores.....

Duendecilla Verde dijo...

Pues ni modo, te condenas a no leerme. Jeje...